3 mil 600 obreros asesinados: La matanza de Santa María en Iquique el 21 de diciembre de 1907

En 1907 miles de mineros chilenos y extranjeros fueron a la huelga contra las brutales condiciones de opresión y explotación. El gobierno y la patronal, ante la negativa de los huelguistas a volver al trabajo, asesinaron a 3.600 obreros y sus familias.

Corría el año 1907 y la ciudad de Iquique, se hallaba sacudida por una serie de conflictos debido a la fuerte devaluación del peso y el aumento de precios. En este contexto, el 10 de diciembre, estalló la huelga salitrera en la oficina San Lorenzo, propagándose rápidamente a todo el cantón de San Antonio.

Cinco días después, una columna de más de dos mil obreros – entre ellos trabajadores peruanos, bolivianos y argentinos- junto a sus familias, hartos de las condiciones de trabajo esclavizantes, marchó a Iquique para exigir mejoras salariales y laborales. Caminaron con la firme decisión de permanecer en la ciudad hasta que las compañías salitreras – de capitales ingleses- dieran respuesta a sus peticiones.

Muchos gremios de Iquique se sumaron al movimiento huelguístico. Todos los cantones salitreros fueron al paro y, periódicamente, cientos de mineros llegaban a la ciudad. Los huelguistas oscilaban entre 15 mil a 23 mil personas, lo que implicó que tanto las actividades del puerto, como la producción minera de toda la región, quedaran paralizadas por completo.

Durante la mañana del 21 de diciembre de 1907 el intendente de Tarapacá Carlos Eastman se reunió con los representantes de los empresarios salitreros para poner fin a la Huelga Grande. Eastman señaló que contaba con la autorización del Presidente Pedro Montt para pagar la mitad de los aumentos de salarios que se acordaran con los obreros. Los empresarios manifestaron que su preocupación principal no era el dinero sino un «asunto moral», ya que a su juicio negociar bajo presión de los huelguistas ponía en jaque la mantención del orden en las oficinas salitreras.

El Intendente propuso entonces resolver el conflicto mediante tres árbitros, uno nombrado por los trabajadores, otro por los empleadores y el tercero designado de común acuerdo. Los empresarios aceptaron esta propuesta, pero exigieron como condición el retorno a las faenas. El Intendente Eastman solicitó a Abdon Díaz su intermediación para comunicar a su grupo la aceptación parcial de los empresarios a sus reivindicaciones, a excepción del establecimiento de los jornales a un tipo de cambio fijo de 18 peniques.

Los trabajadores decidieron mantener el movimiento hasta que la totalidad de sus peticiones fueran acogidas y reafirmaron su voluntad de evitar toda clase de actos violentos. Pasadas las 14:00 horas, el Intendente informó al Presidente de la República que utilizaría medidas de fuerza, pues había agotado todos los otros medios para controlar a los mineros y tal concentración de personas en la ciudad ponía en peligro la seguridad pública.

De esta manera, movilizó a sus tropas y ordenó a sus oficiales desalojar la Escuela Santa María, donde estaban concentrados los trabajadores y sus familias. Ellos se negaron y el general Silva Renard amenazó con disparar contra quienes no se retiraran. Sólo 200 trabajadores salieron del edificio entre pifias y gritos de sus compañeros.

A las 15:45 de la tarde, el oficial ordenó la primera descarga del piquete O’Higgins hacia la azotea del edificio, donde se encontraba el Comité Directivo del grupo según consignó el informe posterior de Silva Renard. Los marinos dispararon hacia la puerta de la Escuela, pues adujeron que se habrían producido tiros desde el interior. Finalizado el fuego, quienes lograron sobrevivir fueron trasladados hasta el Club Hípico.

Los sucesos de la Huelga Grande y la represión del 21 de diciembre fueron consignados en diversos documentos redactados por autoridades, quienes señalaron a los obreros como los responsables de la provocación. No existe certeza sobre cuántas personas murieron durante esa jornada. Un telégrafo enviado por el intendente Eastman al Presidente de la República a pocas horas de ocurrida la matanza, advertía de 30 trabajadores muertos y 70 heridos. En un texto firmado por Silva Renard del 22 de diciembre de 1907, se establecía que cerca de 140 ciudadanos habían perdido la vida o sido heridos.

La versión oficial quedó registrada el 15 de enero de 1908 en un escrito enviado por Carlos Eastman al ministro del Interior. En éste se adjunta la investigación proporcionada por el administrador del Hospital y del Lazareto de Iquique Alfredo Syers Jones, quien señaló que los caídos ascendían a 126 y los heridos 135 personas.

En discrepancia con la versión oficial, la memoria social ha adoptado 3600 fallecidos, señalados en la «Cantata de Santa María de Iquique» compuesta por el músico chileno Luis Advis en 1969.

CONSECUENCIAS DE LA MATANZA

Luego de la Matanza las autoridades dispusieron el cierre de periódicos populares como El Pueblo Obrero y El Trabajo, con el objetivo de acallar las denuncias de los trabajadores e impedir la difusión de ideas revolucionarias.

En la pampa se desplegó un orden represivo tendiente a imponer el orden social y evitar el surgimiento de nuevos movimientos de protesta. Las autoridades de gobierno dispusieron un sistema de control y represión que se extendió a otras localidades como Antofagasta.

En 1920 el movimiento obrero disminuyó sus movilizaciones y redefinió sus estrategias. Obtenidos logros como la promulgación de las leyes sociales y el Código del Trabajo entre 1925 y 1931, algunos sindicatos y federaciones optaron por el sistema de representación a través de partidos políticos.

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