A 200 años de la Batalla de Maipú, donde Chile obtuvo su independencia de la corona española

“Gloria al salvador de Chile”, la frase del General Bernardo O’Higgins a José de San Martín, donde esta última persona le respondió como reconocimiento “Chile no olvidará jamás el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presentó al campo de batalla”, en el histórico “Abrazo de Maipú”

SANTIAGO.- La presente nota periodística no merece redactarse en el estilo actual de informar las noticias, sino en el imperante hace dos siglos atrás. Quizás un periodista de la época lo hubiese escrito de la siguiente manera:

Al mediodía de hoy 5 de abril, en los llanos de Maipú -o del Maipo, según se conocía en esa época-, al sur de Santiago, se desarrolló la batalla que selló nuestra ansiada independencia de Chile. En esa ocasión, entre medio de los vítores de victoria ante el Ejército Real de Chile del Imperio español, comandado bajo las órdenes del general Mariano Osorio, los generales José de San Martín y Bernardo O’Higgins Riquelme -quien concurre al campo de batalla aún convaleciente de la herida con que resultó en el combate de Cancha Rayada de Talca, y que muchos daban por muerto en esa batalla- se funden en un abrazo, que da inicio a nuestra independencia como nación, y de amistad con las Provincias Unidas del Río de la Plata -actual República Argentina-”.

Y de ese hecho fundamental de nuestra independencia se cumplen hoy 200 años, acto que no es muy conocidos por todos, tuvo su génesis en Talca, en Cancha Rayada. En esa oportunidad, O’Higgins fue herido “de gravedad” producto de una bala en su brazo derecho que amenazaba con desangrarlo o infectarse, lo que obligó a llevarlo con destino a Santiago. Por ese tiempo, la capital era reducto independentista bajo las órdenes de otro prócer nacional: Manuel Rodríguez.

En Santiago, con las noticias recién llegadas del desastre de Cancha Rayada, Rodríguez señaló una frase que pasó a la historia: “¡Aún tenemos patria ciudadanos!”. En la misma, ordenó que cada habitante armado sería considerado un miliciano de la Patria, pidió defender lo avanzado, motivó a la ciudadanía, creó y organizó a los “Húsares de la Muerte”, grupo militar que defendería a Santiago de los realistas.

Cuando “El Guerrillero” se encontraba realizando los planes de defensa, aparece O’Higgins mal herido en las puertas de la capital. Las relaciones entre ambos estaban quebradas, luego del fusilamiento de José Miguel Neira (aliado y amigo de Rodríguez) por órdenes de uno de los hombres del Director Supremo, Ramón Freire.

Rodríguez, respetuosamente, le entrega el mando a O’Higgins y de manera muy diplomática se pone a sus órdenes. Sin embargo y al poco tiempo no lo reconoce como su líder, ni mucho menos le entrega el apoyo que se esperaba. En la víspera de la Batalla de Maipú, “El Guerrillero” se queda en la fortaleza de Santiago con sus Húsares, como frente de defensa en caso de una derrota y avanzada española.

Hasta que llegó la mañana del 5 de abril de 1818, cayendo en la responsabilidad de la batalla a José de San Martín, quien es considerado uno de los líderes revolucionario sudamericano, incluso a la misma altura de Simón Bolivar, pues entre otras independencias logró la de su Patria, Argentina, y posteriormente la del Perú, por lo que esta batalla era fundamental para asegurar definitivamente los aires republicanos en el continente y en su país.

En la mañana del 5 de abril, San Martín comanda al Ejercito Libertador de Los Andes al sector “Cerrillos del Maipo”, en una posición elevada. Mariano Osorio, líder del ejercito realista, se sitúa en el mismo sector. Quedan cara a cara, las banderas chilenas y argentinas flameaban fuerte y los estandartes españoles estaban firmes.

Manuel Blanco Encalada rompe el silencio entre ambos ejércitos y la mirada de sus comandantes, su artillería emitió los primeros disparos contra los realistas. La batalla comenzó un poco antes del mediodía.

El General San Martín tomó una postura ofensiva cuando notó que los realista estaban replegados optando por la defensa. Los oficiales del ejercito patriota lograron tomar los cerros en donde estaban agrupados las fuerzas españolas. Mariano Osorio se da cuenta que la batalla está cuesta abajo para él y decide huir con sus hombres, mientras que los oficiales realistas, José Ordóñez y José Ramón Rodil deciden pelear hasta el final.

Mientras tanto, O’Higgins al saber lo que pasaba en Maipú, rompe el reposo médico que le habían ordenado y va directamente con sus hombres a esa batalla.

Al unísono, el acto heroico de los realistas los llevó a reagruparse, transformándose en un blanco fácil para los fusibles argentinos y chilenos. A pesar del cúmulo de muertes que dejó la resistencia realista, se mantenían firmen en su posición y rechazaban las líneas y cargas chilenas. De hecho, en uno de los batallones fieles a la monarquía, el batallón Burgos, algunos de sus solados gritarían: “Aquí está el Burgos. Dieciocho batallas ganadas, ninguna perdida”, mientras mostraban sus estandartes con orgullo.

La tierra de la actual Maipú estaba teñida de rojo, miles cuerpos caídos y de otros agonizantes eran parte de la panorámica de la batalla. José Ordónez decide retirarse hacia Lo Espejo con casi 2 mil hombres, quienes nunca desarmaron la formación y mantuvieron la línea, a pesar de 8 cargas de ataques chilenas. La resistencia y/o defensa monárquica fue admirable y San Martín supo reconocerlo: “Jamás se vio una resistencia más vigorosa, más firme y más tenaz”.

En medio del fragor del combate, Bernardo O’Higgins llegó al campo de batalla un poco antes de que ésta terminara. Ordenó a su tropa (cerca de mil soldados) un ataque feroz a Ordóñez, pero San Martín ya no quería derramar más sangre, la batalla ya estaba ganada, los realista huyeron dejando 1500 soldados muertos y otros 2000 como prisioneros de guerra.

En ese contexto, Bernardo O’Higgins se acerca a San Martín, apoya su brazo izquierdo en el hombro de éste y le celebra mediante la histórica frase: “Gloria al salvador de Chile”, a lo que el general argentino responde: “Chile no olvidará jamás el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presentó al campo de batalla”.

El abrazo se concreta, la noticia llega a Santiago. Una reducida tropa realista, dirigida por Osorio, logra huir y refugiarse en Talcahuano, para luego salir del territorio nacional. O’Higgins se transformaría en Director Supremo de la ya oficial República de Chile, con un acta de Independencia totalmente válida. O’Higgins y los patriotas celebran, mientras que San Martín mira hacia el norte, con su mirada en la capital del Virreinato, en Lima.

COMPARTIR

¡Queremos saber tu opinión!