A desnaturalizar el acoso y la violencia de género

Pese a que se reconocen avances, y aun cuando hombres y mujeres están expuestos a sufrir de violencia de género, son esta última las que mayoritariamente se ven afectadas por este tipo de situaciones.

TALCA.- Hace unas semanas el caso de la periodista Rayén Araya hizo arder las redes sociales. La profesional demandó a la radioemisora en la cual trabajó durante cinco años por al acoso que sufrió como consecuencia de su reciente maternidad, contexto en el que, según declaró, debió soportar comentarios sobre “el cacho que son las minas con guagua”, siendo, además, constantemente “invitada” a presentar su renuncia.

La situación descrita por la profesional encaja en la categoría de “acoso laboral”, una de las diversas formas en que se manifiesta la “violencia de género” que enfrentan muchas féminas por su condición de tales. “Es uno de los principales problemas sociales de nuestro país. Su origen cultural permite que sea un fenómeno invisible”, señalan desde el ministerio de la Mujer y Equidad de Género (Minmujeryeg).

Por otra parte, la abogada de la dirección de Asuntos Jurídicos de la Universidad de Talca, Isabel Hernández, explicó que este tipo de violencia “es ejercida por una persona en base al sexo o género de otra, y se puede dar a través del hostigamiento, no solo físico sino que también psicológico”.

ACOSO SEXUAL Y LABORAL

Sexual, laboral, callejero, si bien el acoso puede afectar a todas las personas en los más diversos planos de la vida cotidiana son las mujeres las que más lo sufren, como lo reflejó una encuesta realizada a fines de 2017 por la Corporación Humanas, que reveló que nueve de cada diez chilenas han sufrido acoso sexual durante su vida.

“Las mujeres vivimos con un miedo que traspasamos por generaciones. Que la calle puede ser peligrosa, que hay que cuidarse, y eso no es natural”, dijo la directora de la entidad Carola Carrera, al dar a conocer el sondeo.

Isabel Hernández agregó que el acoso de carácter laboral “consiste en hostigar a alguien basado en una cuestión de género, dejando a esa persona -que puede ser hombre o mujer- en manifiesta desventaja respecto de sus compañeros de manera tal que muchas veces el o la afectado/a termina, por ejemplo, por dejar ese empleo”.

En esta categoría entran situaciones como las que vivió la mencionada periodista, que vio a partir del momento en que comunicó su estado de gravidez vio reiteradamente cuestionada su labor profesional. “Lamentablemente, situaciones de este tipo son relativamente frecuente en algunas empresas o instituciones. No son decisiones corporativas sino que es la forma en que algunas personas con algún grado de jerarquía resuelven enfrentar las situaciones de embarazo”, comentó.

La abogada de la UTALCA señaló que ante este tipo de conductas existen algunas normativas, como por ejemplo en el Estado el Estatuto Administrativo que rige a los funcionarios públicos, que permiten sancionar a los responsables.

“El acoso laboral podría ser objeto de una acción de tutela ante los tribunales del trabajo”, acotó, al tiempo que -advirtió- el de tipo sexual puede llegar a acarrear responsabilidades administrativas, civiles y penales.

“Todas esas clases de responsabilidades son independientes entre sí, o sea podría arrastrar las tres paralelamente. Por ejemplo, en el caso del Estatuto Administrativo hay sanciones que están asociadas a la persona que ejerce el acoso sexual sea desvinculada en caso de que sea comprobado”, dijo. “Ahora, si esa situación es constitutiva de abuso sexual, se pueden acarrear responsabilidades penales que tienen aparejadas penas corporales, es decir, que son privativas de libertad”, añadió.

Pese a la existencia de estos instrumentos legales, la profesional reconoció que son sub-utilizadas. “Por razones sumamente explicables hay personas que, lamentablemente, pese a que se han visto afectadas por situaciones como estas tienen una resistencia a exponerse públicamente, temor de que una situación tan personal sea expuesta por un mal manejo de esta clase de herramientas”, observó.

En cuanto a las razones de esta realidad, Hernández mencionó “por una parte, el miedo a la sobreexposición lleva muchas veces a que los sujetos afectados se resistan a intentar esta clase de acciones, y, por otra, la creencia de que no se va a conseguir nada con este tipo de denuncia”.​

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