Alfredo Morán: “Los diseños que se van a la muerte se fueron y se perdieron”

El artesano textil, uno de los pocos hombres -si es que no es el único- en la zona dedicado a la creación de elementos usando los telares mapuche y María, conversó con TVMaulinos sobre la visión de esta forma de hacer arte muy desconocido por muchos. Aprovechó la oportunidad para solicitar a las autoridades que “pueda apoyar e impulsar el arte (textil) que se está perdiendo”.

TALCA.-  Trabaja en silencio, concentrado, inmutable y preciso, sea laborando en el telar mapuche o en el telar María. Su pequeño taller permite hacer reminiscencias de los fogones de Nirivilo, en la casa de sus abuelos, pero en realidad se encuentra en el sector surponiente de la capital regional, a pasos de un gran centro comercial donde se encuentra un establecimiento dedicado a la construcción, ferretería y mejoramiento del hogar, además de dos cadenas de supermercados.

Este ambiente se debe a que el arte textil es muy solitario, pero aprovechando que está solo canta o murmulla, sin más compañía que los grillos de la noche o los gallos del amanecer, al igual que lo han realizado las antiguas textileras. Y si lo anterior falla, la fiel compañía de una radio escuchando una radio AM, acompañado de las canciones que se acostumbra a escuchar muy a menudo en los campos: con música chilena y mexicana.

La mañana del encuentro es fría, con una espesa niebla típica de los sectores cercanos al curso de un río, pero eso no quita que, como buen hombre nacido en tierras del río Maule, espera a su invitado con un desayuno digno de un campo: té de hojas, mate, trozos de queque, pan artesanal, quesillo y mermeladas, siendo este último elemento elaborado por el anfitrión en su domicilio. La única diferencia, respecto a este tentempié campestre en medio de la ciudad es una estufa “japonesa” a parafina que emula a la perfección el calor que emana de un brasero, pero que además permite calentar el agua a consumir.

Alfredo Morán Venegas es quién nos recibe en su residencia. Todo sería normal, casi sin novedad, pero su oficio es lo que le da su reconocimiento: es artesano textil, dedicado al arte de la textilería decorativo. Además, se dedica a la enseñanza a otras textileras -tanto nuevas como con trayectoria- y, como si esto no bastara, estudió fotografía y diseño.

Al comenzar la entrevista con TVMaulinos, de inmediato y sin mediar pregunta previa comienza a recordar sus inicios, en los campos de la localidad de Nirivilo. “Ahí aprendí de los medieros de la casa de mi abuelo, luego con una tía abuela en Talca que tenía telares donde aprendí, terminando el aprendizaje con mi madre en la tapicería”, fueron los primeros recuerdos realizados por Morán.

Con el paso del tiempo, partió a estudiar fotografía y diseño a Santiago, lugar donde residió por varios años. Al volver a Talca, se dedicó a otros oficios, pero trabajando de lleno en la textilería desde hace diez a doce años a la fecha. Lo anterior ha permitido que sus verdaderas obras de arte en telar sean conocidos tanto dentro como fuera del país, a tierras tan disímiles como la europea o a Sudáfrica.

Sus tesoros para elaborar estos trabajos son dos tipos de telares, totalmente diferentes entre sí. “Uno es el telar mapuche, que es de buitrán, que en cierta forma me lo regaló la lonco de Linares, Edith Llanquimán -la única mujer lonco de la zona-, realizado por el padre de ella que también es lonco, en el realizo arte utilitario como mantas o pieceras. El que está al otro lado es el telar María, de origen español y que está arraigado en el país desde que llegó en la colonia, siendo parte de nuestra historia nacional como al mismo tiempo en toda Latinoamérica”, señala el artesano.

El arte que realiza lo enseña a mujeres, por intermedio de organizaciones de mujeres, municipios, organismos estatales o independientes, como instructor del arte textil. La reacción de las alumnas es de asombro, cuando ven que un hombre es quién las guiará en estos cursos. Al respecto, Morán expresó, con una sonrisa en la boca que “por lo general es un silencio, un cuestionamiento, que un textilero hombre enseñe el arte que algunas ya saben como también de parte de quienes no lo conocen, pero después aprenden a fabricar arte con la lana”.

“En Chile se da esta situación -agrega el artesano-, pero en otras partes como Bolivia, Ecuador, Argentina, entre otros, son los hombres los que enseñan la textilería. En esta zona existen hombres que saben este oficio en las zonas costeras y precordilleranas, pero de manera anónima. Yo en la zona de Talca creo que soy el único que es visible como artesano textil hombre que enseña este arte”.

Su enseñanza es por medio de los recuerdos e historias de los interesados en aprender este arte, más allá del utilitarismo que se le puede hacer a la confección realizada, donde se busca por parte de sus alumnos que sea productivo, sea regalándolos o vendiéndolos. Pero, como ya se ha señalado antes, el fin de sus clases es no utilitaria, si no crear obras de arte con la lana, fusionándolas con el arte utilitario.

Actualmente realiza sus clases, en sectores totalmente distantes entre sí. “Uno (de ellos) es el sector de Pelluhue, en Curanipe, Chovellén y Quilicura, donde trabaja con tres grupos de mujeres ya organizadas por medio de un proyecto del telar María, bajo el alero del Gobierno Regional”.

En el telar mapuche, detalla el artesano, se ocupa técnicas que tienen que ver con ciertos útiles que son muy precisos. Esto hace que sea una tela muy prensada, muy continua y metódica, ocupando para este fin el “ñereo”, que es un palo que afirma las fibras abajo y que forma este verdadero textil de paño. Además, es un proceso más largo, metódico, porque son varias fibras, que puede durar hasta tres meses la realización de una manta, equivalente a doscientas a cuatrocientas urdiembres. En mi caso no lo realizo, pero para una confección pequeña de 150 urdiembres es alrededor de un mes continuo.

Por su parte, el telar María -al contrario del telar mapuche- lo que afirma aquí es el cruce de la urdiembre en la tramada; es decir, lo que cruza al medio va formando un concepto de un objeto textil o decoración mural. Y, por cierto, en menos de una semana un producto puede estar realizado, porque es más “raleado”, más abierto.

Una de las características de la obra de Morán es el trabajo con los árboles, que es todo el origen de los murales. “Tiene que ver con los paisajes del territorio, que es muy específico que es la zona de Nirivilo, donde están los orígenes de la familia”, profundiza el textilero, agregando que “las raíces del árbol siempre las realizo porque el contexto que tienen es muy apañador, muy contenedor y, además, debe que ver con la fuerza de las mujeres, porque ellos dan frutos reciben personas y animales; mientras que las raíces contienen la firmeza que es el telar, emulando un telar, pero realizado bajo tierra”.

Recuerda el entrevistado una vez que le dijo una textilera mapuche, que señalaba que “cuando tu trabajes, todo lo que hables, todo lo que expreses, va a ir y fluir en el textil que se trabaja, lo que llamará la atención de una sola persona. Y esa persona te va a decir ‘yo quiero esa manta, yo quiero llevarme ese mural’, porque está realizado con el fluido de tu voz y experiencia entre medio, siendo una prenda exclusivamente para una persona y no para varias”.

Pero como si lo anterior ya fuese mucho, Morán hila las lanas y utiliza elementos naturales para teñir las lanas, detallando el entrevistado que “algunas lanas, provenientes de algunas tías de Nirivilo, las procesa, lavándolas a orillas del río a la usanza antigua. Pero, en algunos casos las he comprado con un proveedor. Luego las tuerzo utilizando un uso, de madera o piedra y luego las tiñe con cáscaras de nogal, almendros, cebollas, hojas de eucaliptos, siendo así colores naturales que no se encuentra en los colores producidos en forma química, dando así un valor agregado a la obra que realizo”.

Este proceso es el más largo que realiza “porque los artesanos y las artesanas se realizan en el verano. La esquila se hace a fines de noviembre y fines de diciembre, en el último mes del año se lavan y tiñen, para culminar en enero y febrero secar la lana para trabajarla durante el resto del año”.

Sobre la proyección de su oficio en un futuro próximo, Morán expresó que “espero que de una u otra forma las mujeres o a quienes enseñe puedan enseñar con la misma dedicación, esmero y cariño con que me enseñaron a mí. Pero veo que es un arte que se está perdiendo de a poco, porque los fraceros casi no realizan frazadas. Hay cosas que se van a ir perdiendo con el tiempo y espero que existan políticas de estado para los artesanos para que se les pueda ayudar. Siempre defiendo a los artesanos y eso para mí es un valor histórico y de traspaso”.

Finalmente, Morán realizó un llamado para que “las organizaciones, el Estado o de la misma comuna pueda apoyar e impulsar el arte que se está perdiendo, porque las mujeres se están muriendo. Las textileras antiguas se están llevando a la muerte toda la historia que tiene que ver con ese traspaso cultural, porque a la gente joven no le interesa aprender este arte textil”.

“Los diseños que se van a la muerte se fueron y se perdieron, por lo que ese traspaso debiese ser educacional, porque existe; pero lo general se sensibiliza todo el arte que debe que ver con la urdiembre y la tramada, pero la historia del textil como diseño no es mucha, pero es buena. Debiera existir una fuerza muy importante para poder enseñar de una forma muy lúdica sobre el arte sobre el telar y las lanas. Todos los artistas queremos demostrar en el tiempo lo que hemos hecho y que se pueda contemplar y preservar en el tiempo. Pero me queda mucho más que hacer con el arte textil, porque es un lenguaje universal que puede interpretar cualquier persona”.

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