Alzheimer: una enfermedad difícil y silenciosa

En los hogares de Fundación Las Rosas es una condición con la que deben lidiar todos los días

TALCA.– En Chile y en el mundo, el Alzheimer es la demencia más común, que acapara aproximadamente el 65% de los casos, constituyéndose en una de las principales causas de discapacidad y dependencia de las personas mayores. A pesar que no hay cifras regionales ni nacionales, se estima que por prevalencia, hay cerca de 200 mil personas con Alzheimer en Chile. Esto es preocupante, pues a medida que la población en nuestro país envejece, va en aumento este flagelo y todo lo difícil que conlleva relacionarse con él. Este flagelo implica el deterioro de la memoria, el intelecto, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria.

En los hogares de Fundación Las Rosas en la Región del Maule, se tejen diferentes historias entorno a abuelitos que padecen esta silenciosa enfermedad y que son atendidos, cuidados y tratados profesionalmente por el personal que allí labora. Historias desconocidas de personas vulnerables -casi invisibles para muchos-, pero que encierran experiencias duras de vida, de aquellos que con sus años van quedando olvidados.

Hace tres años que Vladimir llegó a uno de los hogares que Fundación La Rosas, coincidente con la muerte de su esposa, los cinco hijos notaron que su padre comenzó con elocuentes síntomas de Alzheimer. Nunca concibió la vida sin su amada, con la que había recorrido el camino de la vida por casi 50 años juntos. Una hija, en precaria condición económica asumió el cuidado del padre, turnando solo a veces con sus otros hermanos la responsabilidad de mantenerlo en su delicada condición de salud, pues fuertes discusiones y discrepancias terminaron por separar la familia de manera irreconciliable por varios años.

Teresa, tenía un puesto en la calle, para mantenerse ella y a su progenitor, el que pronto comenzó a incrementar su actuar errático, saliendo de casa y perdiéndose muchas veces entre las poblaciones aledañas -mientras su hija trabajaba-, con el evidente riesgo para su vida.

Bajo ese escenario Vladimir ingresa a un hogar de la Fundación Las Rosas, el que desde ese momento se convirtió en lugar neutral para la visita de los demás hijos, trayendo consigo la reconciliación entre ellos, la reconstitución de la familia entorno al padre, el que –indudablemente de manera involuntaria-, ha logrado sanar las heridas del pasado y reunirlos a su lado para nuevamente acompañarlo en el ocaso de su existencia.

Magdalena lleva ocho meses en un hogar, pero su historia de vida comienza muchos años antes, cuando viviendo en Valparaíso presenta los primeros indicios de deterioro cognitivo y de episodios de olvido. Sus dos hijos la iban a visitar periódicamente, volviendo con la sensación de que su salud mental empeoraba conforme pasaba el tiempo.

Decidieron traerla a casa, alternando en su cuidado, pero Magdalena se comenzó a olvidar de ellos y a realizar cosas de manera errática, como el querer volver a Valparaíso junto a su marido –el que ya había fallecido hace varios años-, volviendo su memoria casi por completo hacia esos años de su vida. Las peleas familiares y entre sus hijos no se dejaron esperar.

Pablo fue finalmente quien asumió el cuidado de su madre, a pesar de la tristeza que lo embargaba, pues Magdalena ya no lo reconocía. Pablo sentía que simplemente la había perdido para siempre. Pasó el tiempo -y embargado por la tristeza de entregarla a una institución-, se acercó al Hogar de Fundación Las Rosas en busca de ayuda, asumiendo un sentimiento de culpabilidad, pues sentía que inexorablemente la abandonaba.

El tiempo les demostró que el Hogar era el mejor lugar para que su madre obtuviera los cuidados que necesitaba, pues se dieron cuenta que empezó a mejorar su salud e incluso sus estados de ánimo, participando no solo ella en todas las actividades, sino que su hijo Pablo también, asumiendo un rol protagónico en su cuidado. La alegría de ver a su madre mucho mejor que antes, se ve coronado hoy en día, pues Magdalena ha comenzado a recordarlo cada vez que él la visita, sintiendo Pablo que ha recuperado a su madre, a partir de una decisión que en un comienzo lo inundó de pena.

El Alzheimer y las demencias se han instalado en nuestras vidas bajo la amenaza de que con la edad aumenta el riesgo. El Alzheimer es mucho más que una enfermedad, quizá una de las más trágicas de nuestra especie porque nos priva de saber quiénes somos. Por ello es importante que la sociedad conozca de esta condición, con el propósito de que el mundo y en este caso local -la sociedad chilena-, sepa de qué se trata y, que es necesario buscar como país la solución a esta problemática que no solo se vive en los hogares de Fundación Las Rosas, sino que lentamente ingresa al círculo de familiares y amigos de todos.

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