Analistas UTalca prevén que producto del distanciamiento físico la población revalorizará las relaciones humanas

Académicos estiman que la ciudadanía podría demandar más energicamente que el Estado sea garante en materias como salud, previsión y seguridad pública.

Las medidas restrictivas y de confinamiento que ha implicado el COVID-19 han provocado un cambio en la forma de relacionarse entre las personas, lo que ha significado una transformación de hábitos y costumbres. Bajo esta premisa, analistas de la Universidad de Talca pronostican algunas transformaciones en la sociedad.

Giselle Davis, antropóloga y académica del Departamento de Salud Pública UTalca, señala que “lo primero que hay que entender es que efectivamente esto es una crisis global y eso significa que se van a acelerar algunos cambios”.

La cientista social aclara que la actual pandemia ha desnudado la fragilidad del actual sistema económico, de políticas públicas y del individualismo: “tiene que empezar a emerger una nueva cultura que ponga parámetros y valores distintos para diferenciar el mundo público del mundo privado”.

Bajo esta noción, la académica señala que producto de la actual crisis sanitaria y social han quedado realidades al descubierto, por lo que indica que “no hay país o economía que no haya sentido profundamente lo que fue no invertir en políticas públicas de salud”.

Desde el punto de vista del distanciamiento social y las fronteras físicas que se han evidenciado bajo las medidas restrictivas, Davis pronostica un reforzamiento en una tendencia que se ha observado desde hace algunos años: “existirá una revalorización de lo local, de los círculos de confianza y de la comunidad inmediata, porque nos damos cuenta que nos tenemos a nosotros mismos cuando existen fronteras físicas producto del confinamiento”

Por su parte, el sociólogo Paulo Hidalgo, académico de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Talca, pronostica para el país una lucha política entendida como “la presión o la demanda de los sectores que ya venían con un arrastre de desigualdad y con problemas objetivos no solo de falta de oportunidades, sino de una estructura de desigualdad muy dura en el caso chileno”.

Asimismo, el académico añade que se esperan demandas “mucho más fuertes y mucho más globales con respecto, por ejemplo, a lo público (…) a un sistema público de salud, de prevención, de previsión, de seguridad social, de seguridad en general humana que se ocupe de las personas”.

Hidalgo observa una sociedad post pandemia, donde la gente va a “valorar las relaciones humanas, donde la gente va a tonificar mucho más esas ansias absolutamente neuróticas por el consumo, donde la gente se va a preocupar del medioambiente, se va a preocupar por su calidad de vida”.