Canciller del Arzobispado de Santiago quedó suspendido tras su autodenuncia por abuso

El religioso asesoró directamente al cardenal Ricardo Ezzati y cumplió la misión de firmar los decretos junto al titular de la arquidiócesis.

SANTIAGO.- Una nueva arista se suma a la crisis que vive la Iglesia Católica en Chile. Tras autodenunciarse por abuso, el canciller del Arzobispado de Santiago, Óscar Muñoz, fue suspendido de sus actividades religiosas.

Según indica LaTercera, el sacerdote, que ejercía como canciller desde junio de 2011, fue relevado de sus tareas el pasado dos de enero, esto luego que él mismo revelara su conducta indebida.

“El día martes dos de enero del año en curso, el presbítero Óscar Muñoz Toledo (56) se autodenunció por abuso. Tras ello, se implementaron medidas cautelares, siendo relevado de sus cargos de canciller de la curia y párroco, prohibiéndosele -además- el ejercicio público del ministerio sacerdotal”, indicó la Iglesia de Santiago al medio citado.

Destacar que los casos de abuso sexual que involucran a religiosos son abordados por un protocolo del Vaticano que los destina finalmente a la Congregación para la doctrina de la Fe. Quien ahora está reemplazando a Muñoz es el sacerdote Jorge Sáez.

Tal autodenuncia fue realizada por el eclesiástico a dos semanas que llegara el Papa Francisco a Chile. El caso correspondiente al delito sexual habría ocurrido fuera del entorno religioso, sin embargo no se hizo denuncia al Ministerio Público ya que en estos casos se deja a criterio de las eventuales víctimas la determinación de recurrir a la justicia o no.

El cargo de Canciller en el Arzobispado es de relevante protagonismo. Él asesoró directamente al cardenal Ricardo Ezzati y cumplió la misión de firmar los decretos junto al titular de la arquidiócesis.

El presbítero Óscar Muñoz inició su carrera religiosa como laico en la capilla Santa Cruz de Macul, cuando realizaba funciones de comercio exterior en una firma bancaria. Tras ello, estudió para ser sacerdote y en junio de 2000 fue ordenado sacerdote por el cardenal Francisco Javier Errázuriz.

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