[Columna] Es hora de poner el cascabel al gato en Gestión ambiental, Por Rodrigo Sepúlveda, Core por la provincia de Talca

Cuanta razón tenía el fabulista inglés Odo de Sherington, al señalar en una de sus tantas obras, por allá en el siglo XIII, lo complicado que resulta tomar decisiones en materias que conciernen a un conjunto de sujetos.

En su publicación “El libro de los gatos”, con un lenguaje muy cotidiano y sencillo, este inglés contaba las desventuras de un grupo de ratones que veían impávidos como su población disminuía rápidamente por el actuar de un enorme gato gris.

Tras diversos debates, los roedores llegan a la conclusión de que la mejor forma de acabar con esta tragedia sería ponerle un cascabel al gato, ya que así podrían sentirlo cada vez que el felino se acercara a su madriguera.

Todos los ratones concordaron en que ésta sería la mejor solución para el tremendo problema. Pero cuando llega el momento de elegir al ratón que lo lleve a cabo, estos comienzan a poner diferentes excusas para evitar realizar una acción tan peligrosa. Finalmente, ¿quién le pone el cascabel al gato?

Hoy, siglos después, enfrentamos un desafío tanto o aún mayor al descrito anteriormente, y es cómo desde los niveles municipales, regionales y hasta la esfera nacional, se diseñan y aplican sistemas de gestión capaces de fomentar y conciliar tres grandes objetivos que tienden al desarrollo sustentable: el crecimiento económico, la equidad y la sustentabilidad ambiental.

Los municipios como agentes en procesos de desarrollo sustentable, deben necesariamente ordenarse internamente bajo ciertos presupuestos de autonomía; considerando que en la última década, estos han enfrentado una profunda transformación en sus competencias; determinada, entre otros factores, por la reestructuración municipal, el surgimiento de corporaciones edilicias los requerimientos ciudadanos y el empoderamiento de la comunidad.

Todo ello, ha determinado una creciente presión sobre los municipios para, no sólo resaltar sus viejas funciones, sino también para desarrollar otra serie que hasta ese momento eran competencia de niveles superiores de gobierno.

Así, el cuidado del ambiente y el mejoramiento de la calidad del entorno se asumen como nuevas incumbencias municipales, demandándoles a los gobiernos locales desarrollar y ejercitar procesos de gestión ambiental.

La gestión ambiental, como elemento esencial para el logro del desarrollo sostenible, exige elaborar políticas públicas modernas acompañadas de conocimientos e instrumentos interdisciplinarios. Eso plantea a los gobiernos el importante desafío de emplazar nuevos marcos institucionales e instrumentales de gestión ambiental que sirvan para reorientar el desarrollo futuro hacia patrones de producción y consumo compatibles con la sustentabilidad ambiental y a la vez reducir los importantes rezagos sociales.

Lo anterior, cobra especial trascendencia cuando somos testigos de episodios que atentan sobremanera contra el entorno y el medio ambiente en nuestra ciudad. En la ruta hacia la localidad de Huilliborgoa, a escasos minutos del centro de Talca, es posible identificar un sinfín de sectores que se ha convertido en microbasurales. Bolsas, muebles en desuso, restos de materiales de construcción y hasta neumáticos, forman parte de un triste escenario.

Bastará solamente con la instalación de señalética que prohíbe botar basura o con los anuncios de sanciones y multas, para abordar una realidad que parece haberse escapado de las manos. Bastará con estas políticas castigadoras para crear conciencia ambiental y de respeto del entorno.

Quizás con ello atacamos la “forma” de un problema atingente, pero de ninguna manera nos enfocamos en el “fondo” de una materia que en ciudades desarrolladas ha sido enfrentada como política ciudadana, en forma profesional, con visión de futuro y en forma participativa.

Lo descrito, da pie para insistir en la necesidad de crear un fondo común para los gobiernos regionales y comunales a base de los fondos recaudados por el impuesto verde, para financiar proyectos de cambio climático, desarrollo sostenible y medio ambiente.

También se hace necesario abordar la inclusión de los municipios en el sistema de gobernanza climática a establecerse en la Ley Marco de Cambio Climático que actualmente se trabaja en La Moneda; como también la creación de planes regionales de cambio climático y asignar recursos para fortalecer las capacidades de los equipos municipales en esta materia.

Hoy, la realidad nos muestra municipios con escasas facultades, capacidades y recursos para efectivamente planificar, gestionar y desarrollar sus territorios, e implementar las acciones necesarias en el contexto del cambio climático.

Estamos frente a una tarea concreta y de interés transversal. El nivel central tiene que ser capaz de disponer de recursos para que los gobiernos locales puedan desplegar más y mejores iniciativas en materia de cambio climático. Necesitamos, además, intercambiar experiencias de manera de reproducir aquellas buenas prácticas de los municipios que están más avanzados, y finalmente se requiere capacidad técnica para que aquellos municipios más frágiles, puedan incorporar en el ámbito de sus atribuciones y competencias, políticas de adaptación y mitigación.

Más recursos, mayor poder de decisión y apoyos concretos a la gestión, surgen hoy como las claves para asumir esta tarea de todos; y así de una vez por todas poner el cascabel a ese tan esquivo y arisco gato.

Por Rodrigo Sepúlveda, Consejero regional del Maule.

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