Los primeros acordes de Benjamín y Martín para un mejor futuro

La historia de los hermanos Molina Poblete, de 10 y 8 años, es la de tantos otros niños del barrio oriente de Talca que forman parte de la Orquesta Ludovico Rutten, y que -a punta de esfuerzo, disciplina y talento-, han logrado abrirse un camino de mejores oportunidades

TALCA.- Cuatro de la tarde. Seis o siete de la tarde. Mientras el sol quema en el pavimento del  pasaje de la 9 ½ sur, en la villa Doña Consuelo 4, en Talca, en el ambiente se escuchan los sonidos de un violín y una viola. Los acordes vienen del hogar de la familia Molina Poblete, específicamente del segundo piso de la casa donde Benjamín y Martín ensayan diariamente lo aprendido en las clases de la Orquesta Ludovico Rutten.

Benjamín (10 años) y Martín (8 años) van a completar tres años en esta agrupación que es apoyada por la Fundación Educacional Arauco y a punta de esfuerzo, perseverancia y, por cierto, talento, se han ganado un espacio en la banda, demostrando que cuando se quiere, todo parece posible.

Sin ir más lejos, acaban de participar en un Encuentro de Orquestas Infantiles y Juveniles apoyadas por la Fundación Educacional Arauco (las agrupaciones de Curanilahue, Ayekafe de Arauco y Cifan de Valdivia, además de la Ludovico Rutten) y que se realizó en la comuna homónima, despertando elogiosos comentarios sobre su presentación.

Benjamín y Martín estudian en la escuela San Antonio, que queda solo a dos cuadras de su domicilio. Luego, se van a clases de teoría y práctica musical, y además ensayo individual y grupal con la orquesta, en el liceo Ludovico Rutten que está a la vuelta de su casa.

Al principio no fue fácil, especialmente para Benjamín que es zurdo. Sin embargo, hizo de la disciplina y constancia sus mejores armas y aprendió a tocar violín y luego viola. Su hermano Martín quiso seguir sus pasos y entró a la orquesta con solo seis años y hoy es el más pequeño de la agrupación.

En la familia Molina Poblete no hay músicos. Benjamín y Martín son los primeros en atreverse con los instrumentos. El interés nace al ver a otros compañeros de la escuela integrarse a la orquesta y a una vecina del barrio que formó parte de la primera generación de la agrupación y hoy continúa estudios de música en la Universidad de Talca.

En ocasiones han debido renunciar a jugar a la pelota con sus amigos en el pasaje, pero la música les gusta y lejos de lamentarse, saben que les ha permitido descubrir un mundo que desconocían.

Los más contentos son sus padres Pablo y Paola. “Este tipo de actividades les suma bastante a ellos, les ha ayudado en la concentración, a aprender música, en la disciplina, constancia, creatividad. La orquesta les abre un mundo distinto, una mente distinta, por todo lo que implica, como por ejemplo, perseverancia, organización, trabajo en equipo, les ayuda en el día a día, en sus responsabilidades, en los estudios”, afirma Pablo, orgulloso del desarrollo que han logrado sus hijos al participar en la agrupación.

“En un comienzo es como un hobbie para ellos y que les sirve para tener más personalidad y mejorar la concentración, pero si ellos deciden optar por la música estamos dispuestos a apoyarlos”, señala Paola, quien aun con emoción, recuerda la sorpresa que le brindaron sus hijos cuando para el Día de la Madre, se presentaron a tocar en su lugar de trabajo.

HISTORIA DE LA ORQUESTA

Benjamín y Martín son el rostro de otros tantos niños de 8 a 11 años que forman parte de la segunda generación de la Orquesta Ludovico Rutten de Talca. Esta agrupación nace de la mano de la Congregación de los Hermanos de la Inmaculada Concepción, con apoyo de la Universidad de Talca y de la Municipalidad de esta ciudad, como una manera de contribuir a dar mejores oportunidades a los niños y niñas del sector sur oriente de Talca, en un contexto de vulnerabilidad social.

El año 2010, Fundación Educacional Arauco quiso sumarse a esta obra, entregando un apoyo que se mantiene hasta el día de hoy y que se traduce en recursos económicos, humanos y logísticos, que contribuyan a formar niños íntegros en su desarrollo personal.

Lo anterior, es algo que valora enormemente Solange Navarrete, directora de la Orquesta Ludovico Rutten. “Para el proyecto nuestro, la Fundación Arauco ha significado prácticamente todo porque sin ellos no tendríamos instrumentos, atriles, accesorios ni los fondos para pagarles a los profesores», dice.

La orquesta partió con 35 niños y niñas de 8 a 14 años que conformaron la primera generación. Hoy, estos alumnos se encuentran terminando sus colegios y liceos, algunos de ellos continúan su formación en el conservatorio de música de la Universidad de Talca.

La orquesta actual cuenta con 25 integrantes de 8 a 11 años, que conforman la segunda generación.

COMPROMISO

Isidora Recart, Gerente de Fundación Educacional Arauco, sostiene que “nuestro trabajo con los sectores más alejados de la ciudad y en regiones, nos permitió darnos cuenta del impacto positivo que tiene para los niños de mayor vulnerabilidad participar en orquestas y cómo esto les permite tener una mejor calidad de enseñanza y potenciar su desarrollo personal. Estamos convencidos que la participación en las orquestas infantiles promueve un desarrollo integral en los estudiantes”.

Agrega que “pocos saben los innumerables beneficios de participar en una orquesta; genera oportunidades que tienen relación, no sólo con una forma de vivir como músico profesional, sino también con un estilo de vida tanto para los niños como para quienes los rodean, ya que ayuda a construir identidad, a ampliar su mundo cultural, a desarrollar confianza y vínculos emocionales intensos con otros. Gracias a la música los estudiantes desarrollan el sentido de la responsabilidad, la concentración, la disciplina, y el esfuerzo constante para alcanzar las metas”.

Pablo y Paola están conscientes de esos beneficios y oportunidades para comenzar a diseñar un mejor futuro. El mismo camino que también desean para la más pequeña de la casa -Paula, de sólo 3 años- de quien esperan siga los pasos de Benjamín y Martín. De momento -comenta Pablo- ella ya toma una guitarra de juguete y con un palo de brocheta intenta sacar las primeras notas musicales, imitando, por cierto, a sus hermanos.

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