Madres de niños con Síndrome de Down aprenden terapia con realidad virtual

La terapia es pionera a nivel nacional y es desarrollada por el Laboratorio Control Motor Humano de la Universidad de Talca.

TALCA.- Desde el laboratorio a las escuelas y a los hogares está llegando la terapia con realidad virtual en apoyo a niños con síndrome de Down, con resultados positivos en el mejoramiento postural y la movilidad y, por lo tanto, en la rutina diaria de estos menores.

Todo partió en el Laboratorio de Control Motor Humano de la Universidad de Talca, dirigido por la investigadora Valeska Gatica, quien el año 2016, a partir de una investigación, comprobó los efectos benéficos del uso de la realidad virtual como terapia kinésica. A partir de los resultados, surgió la propuesta de iniciar una fase de transferencia del conocimiento y vinculación con la comunidad, para que sea la familia la que contribuya a la rehabilitación de los niños.

“La terapia mejora la capacidad perceptiva motora y la sensorialidad en los niños y eso se traduce en que mejoran sus movimientos en general”, explicó la académica. Sobre este mismo punto, explicó que las casusas no son claras respecto de la lentitud que los niños con Síndrome de Down presentan,  pero se ha probado que esa dificultad se puede modular aplicando estímulos sensoriales que el cerebro perciba de mejor forma de modo que las decisiones —en relación al movimiento— sean más rápidas. Con ese fin se utiliza la realidad virtual.

“Es muy entretenida, muy lúdica y sensorial, eso la hace muy motivante y este es otro aspecto importante para generar cambios a nivel del sistema nervioso central”, agregó la especialista.

El Laboratorio de Control Motor Humano está transfiriendo este conocimiento a la comunidad a través de cursos que ya se iniciaron en escuelas públicas que reciben a niños con capacidades diferentes —el primero en la Escuela España de Curicó— y con padres motivados en aprender y aplicar esta terapia en sus casas, en apoyo a la rehabilitación de sus hijos.

ENTUSIASMO Y GRATITUD

Un grupo de madres trabaja los jueves en ese Laboratorio, entre ellas —nueve en total—  predomina el entusiasmo por aprender y la gratitud por la posibilidad que se abre para sus hijos. Algunos de ellos son alumnos de la escuela de Unpade y muchos asisten a Espacio Down, donde se realiza un trabajo más lúdico.

“Cuando nos invitaron a participar, se nos planteó la idea de replicar el conocimiento a mayor escala para replicarlo en nuestra sede, con profesionales entrenados para ello y mamás capacitadas para hacer lo mismo después en las casas. Las opiniones hasta ahora es que la terapia ha sido súper buena porque mejoró la postura de los niños con una serie de ventajas que eso tiene”, comentó María José Barrueto, cuyo hijo va a Unpade, a un jardín de Integra y también a Espacio Down.

Liddy Wilson, otra mamá que se capacita, no deja de repetir lo contenta que se siente con este trabajo que  realiza la Universidad de Talca y que encuentra “increíble”. “Estas clases son maravillosas, vengo feliz de la vida, dejo de hacer cosas por estar acá, la profesora es genial, los alumnos son espectaculares y ojalá esto siguiera hasta el fin del mundo”, enfatizó.

“Yo soy enfermera, pero siento que he vuelto a la universidad con lo que me están enseñando.  Esto de la realidad virtual lo encuentro maravilloso. Para los niños que no salen del celular, el computador o la tableta, va a ser como jugar aprendiendo o aprender jugando. Son las herramientas de la época actual”, recalcó.

UN CAMBIO

A la par con reconocer que hay una gran evolución con esta terapia, observó que también existe un cambio favorable a nivel social porque hay una mayor aceptación de las personas con discapacidad, a diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas cuando no se tomaba en cuenta a los niños Down. “La Magdalena, mi hija de seis años, se siente súper acogida en todas partes”, acotó.

Laura Quiroz, otra mamá, ya puede comparar los beneficios de la terapia con realidad virtual. “La postura de mi hijo mejoró, ahora anda más erguido. Antes era muy lento y cuando bajábamos del auto, por ejemplo, miraba bien si se iba a caer. Ahora él tiene más seguridad al caminar y también bajó de peso, tal vez porque tiene mayor movilidad”, relató.

“Mi hijo se siente feliz es muy bueno para caminar y anda por todos lados. Estamos muy contentos con esta terapia y nos pusimos muy felices cuando supimos que nos iban a enseñar a los padres para seguir apoyando a nuestros hijos”, manifestó.

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