Micro, pequeñas y medianas empresas madereras del Maule apuestan por la Producción Limpia

Con satisfacción reaccionaron autoridades y empresarios del sector forestal por el exitoso proceso de certificación denominado Acuerdo de Producción Limpia.

En un novedoso proceso de gestión, diecisiete micro, pequeñas y medianas empresas madereras, coordinadas por la Corporación de la Madera (CORMA) de la Región del Maule, consiguieron su estrella azul, que indica que han sido certificados con el Acuerdo de Producción Limpia (APL).

Se trata de trece aserraderos y dos barracas pertenecientes a las comunas de Constitución, Empedrado, Pelluhue, San Rafael y Talca más un taller donde se fabrican muebles, esculturas y embarcaciones, ubicado en la comuna de Cauquenes.

El acuerdo fue implementado por el Consejo Nacional de Producción Limpia (CPL), organismo público-privado dependiente del Ministerio de Economía-CORFO, con el apoyo de CORMA Región del Maule.

La iniciativa, de carácter voluntario, establece protocolos sobre los procesos, productos y servicios de manera de mejorar los estándares medioambientales, de eficiencia productiva, energética, laborales y de seguridad, procedimientos que al ser cumplidos en un periodo de tiempo por la empresa la hacen acreedora a recibir un sello consistente en una estrella azul.

Leonardo Vergara, Gerente de CORMA Maule, explica que se logró implementar un acuerdo aterrizado a la realidad de la región y que responde a las necesidades y desafíos de la micro, pequeña y mediana empresa local que representa un 91% de industria forestal maulina. Valora especialmente que sea un organismo público, quien distinga con el sello estrella azul cuando se hacen bien las cosas, de acuerdo a un protocolo.

“Es tremendamente potente, porque se está mostrando una manera de producir avalada por un órgano estatal, lo que desde un punto de vista del funcionamiento de las empresas es muy favorable, porque les otorga un valor agregado. Hoy un cliente no sólo está preocupado de la relación precio calidad, sino también de los procesos, de dónde provienen los productos y si se están resguardando los aspectos medioambientales, de eficiencia productiva y de seguridad. Logramos implementar una herramienta para todos y los que adscribieron hoy están en una condición mucho más favorable” puntualizó Vergara.

El empresario Arnoldo Opazo, dueño de un aserradero del mismo nombre en Constitución, contó que su empresa lleva más de treinta años en este rubro, cimentando su desarrollo sobre la base de un mejoramiento continuo en sus distintas áreas: aserradero, secado y elaboración. “Nuestra atención está centrada, principalmente, en la calidad de los productos, la respuesta pronta a nuestros clientes y el bienestar de nuestros funcionarios en las respectivas instalaciones”.

Hoy con 45 trabajadores a su cargo y una producción anual de 13.000 M3, sostiene que “sin duda, ceñirse al estándar APL ha significado que la cultura organizacional de la empresa evolucione, paulatinamente por cierto, a prácticas más responsables con el medio ambiente, la seguridad y la salud de todos quienes laboramos en ella. Concretamente, me refiero a que seguir ciertos protocolos incide directamente en mayor coordinación a la hora de ejecutar ciertas acciones».

Por su parte, Lautaro Opazo Torres, del Aserradero Sociedad Opazo y Compañía Limitada de Constitución, agrega que el APL es un tema novedoso que les ha permitido un desarrollo eficiente en el uso de la energía y manejo de residuos con positivos resultados para la calidad laboral de sus 32 trabajadores.

El empresario asegura que “el beneficio más tangible ha sido la eficiencia energética pues mejoramos en un 5% lo que nos permitió amortiguar las alzas en las tarifas. En lo medioambiental, se enseña a la gente en cómo manejar los residuos y se trabaja en ambientes mucho más limpios y ordenados. En seguridad y salud ocupacional se norman puestos de trabajo y se delimitan responsabilidades lo que incide en un mejor desempeño de los trabajadores y en la disminución de la tasa de accidentabilidad al interior de la empresa”.

Pedro Pablo Lozano productor de palet en la Comuna de San Rafael, ve en el APL un paso significativo para alcanzar nuevas certificaciones y un plus para la imagen de la empresa, pues los organismos fiscalizadores y los clientes valoran el trabajo de calidad, seguro y con capacitaciones para los trabajadores.

Respecto al proceso señaló que “adherimos a la invitación de CORMA lo que significó implementar procedimientos que no teníamos o que no conocíamos. Contratamos una prevencionista de riegos que nos ayudó en la parte práctica de la implementación del acuerdo y construimos infraestructura para almacenar el material de residuos”.

Una singular actividad secundaria de la madera que logró la certificación, es el taller del escultor francés, Lucien Burquier, arraigado hace 24 años en la provincia de Cauquenes, donde trabaja con otras 15 personas elaborando atractivas piezas de madera, muebles alternativos,  embarcaciones e infraestructura de valor agregado que se venden en Chile, EEUU y Europa.

“El acuerdo favorece al medioambiente y reduce el consumo de energía, tenemos más orden y más exigencia. Nosotros hacemos esculturas en madera laminada, vigas, pequeños muebles. Nuestro proveedor, Explodema de Chanco, también se certificó, lo que produce una cadena virtuosa desde el aserradero hasta nuestro producto más elaborado. Este un beneficio que queremos mantener más allá de los tres años”, destaca Burquier.

Efectivamente, la certificación entregada por el Consejo de Producción Limpia tendrá vigencia hasta el año 2018, periodo en el cual más actores serán invitados a sumarse.

El secretario regional del Consejo de Producción Limpia, Osvaldo Alcázar, señala que los principales resultados de esta certificación fueron ambientales, ya que se disminuyó en un 90% la polución que se genera por los aserrines y cortezas volátiles por efecto del viento, implementando aislación de suelos, pavimentaciones y creación de cortavientos.

También se mejoraron las condiciones de trabajo, ya que habilitó infraestructura para proteger a los trabajadores de las inclemencias del tiempo, se modernizaron maquinarias, y se disminuyó la carga de trabajo y los riesgos asociados al uso de productos químicos.

En total, se capacitó a 525 personas y se redujo en un 15% la tasa de accidentabilidad.

El proceso además, permitió reducir un 12% el consumo de energía y un 60% de las empresas evidenciaron una reducción de costos, principalmente por efecto de control de inventario.

Este inédito plan de certificación se ha traducido en beneficios para los actores del sector forestal que ven en este un camino seguro para alcanzar procedimientos eficiente, amigables con el medioambiente y los trabajadores.

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