Sacerdote jesuita Luis Roblero, capellán nacional de Gendarmería: “Cansa la indolencia del Estado con la vida humana de algunos sectores”

En entrevista con La Tercera, el religioso añadió que, a raíz de las torturas que sufrieron en un penal dos imputados de un crimen, dice que “el reo tiene privación de libertad, no de derechos”.

SANTIAGO.- En entrevista con el diario LaTercera, el capellán nacional de Gendarmería, sacerdote jesuita Luis Robledo, dio su opinión de los hechos ocurridos y desencadenados desde la muerte de Margarita Ancacoy (40), aparentemente a manos de cuatro jóvenes en el Barrio República, no solo repuso el debate por el nivel de delincuencia en el país. También instaló otro: la polarizada actitud hacia los victimarios, producto de la golpiza que sufrieron dos de los imputados de ese crimen, ambos ciudadanos ecuatorianos, en la cárcel Santiago 1.

En la conversación con este medio nacional, señaló que “He visto situaciones similares por algunos videos que se han viralizado y por relatos de internos o internas. La gravedad viene dada por la frecuencia y porque esto ocurre en un espacio de protección estatal, lo que agrava aún más el delito de tortura. No es una situación aislada, pero también soy consciente de que estas situaciones van disminuyendo”

Agrega que “son similares a los códigos de una secta. Es una cultura de secretismo total, del silencio. Muere alguien y nadie sabe quién fue. Y es difícil saberlo, porque normalmente los que golpean son mandados por otros a golpear. Durante una noche tienes 200 internos compartiendo una galería y están con tránsito libre. Muere alguien y nadie supo ni vio nada”.

Por parte de los gendarmes que custodian a los reos, precisó que “Creo que falta una cultura de mayor transparencia. Poco sabemos de lo que pasa dentro de una cárcel. Los mismos gendarmes probablemente tampoco saben bien qué es lo que ocurre, porque no tienes un funcionario por cada módulo. Lo que pasa ahí dentro nadie lo sabe”.

Sobre el apoyo público al actuar de los reos contra los agresores de Anacoy, indica que “la cárcel es hoy en día uno de los lugares de mayor vulneración de derechos humanos. Es grave. Y tiene que ver con una indolencia política de hace mucho tiempo. Es un tema muy poco rentable, porque se trata de gente que ha delinquido, detrás de los cuales hay víctimas. Eso genera clamor ciudadano por el castigo. Uno lo ve en las redes sociales”.

“Es imposible desentenderse -prosigue el religioso-. Hay una población que está demandando del mundo político y del Estado medidas que protejan la vida. Se puede entender, pero no se puede avalar el exceso. Eso sí, lo más grave es que gente del mundo político se haga parte de esto, porque a ellos les corresponde una opinión más templada y de fondo”.

Sobre el actuar de la justicia y del Estado, Roblero espeta que “con humildad, hay que aceptar que (en el Poder Judicial) sí, porque tenemos un 70% de reincidencia. Veo un sentimiento de que hay justicia para unos y no para otros. Y el Estado está cometiendo una falta gravísima en materia de derechos humanos en el mundo carcelario y en el Sename. Murieron mil niños y no teníamos idea, porque eran niños pobres. Duele cuando hay un doble estándar tan fuerte. Uno va a la cárcel y le pregunta a la gente: ¿usted pasó por Sename? Y todos te dicen que sí. En el Sename ellos aprenden a pelear. En jerga canera ellos dicen que ahí uno gana la ficha, algo así como el quién eres en el mundo. Es un círculo vicioso terrible”.

“Cansa la indolencia del Estado con la vida humana de algunos sectores. La infraestructura carcelaria es deficitaria. Todos los informes del Poder Judicial y del Instituto de DD.HH., son bien lapidarios con las condiciones de habitabilidad y de dignidad de la persona privada de libertad. Los reos tienen privación de libertad, no de derechos. Obviamente, no justifico a la delincuencia, pero la gran mayoría de los internos comparten una misma cuna. Muchas de las mujeres privadas de libertad han sido abusadas cuando niñas. Después caen al infierno del Sename, luego en la cárcel y les siguen sus hijos. Y que se sigan violando DD.HH. en un Estado de derecho es lo más avergonzante”.

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